Primero de su especie
Penny Black
Reino Unido, 1840
El primer sello postal del mundo. Con él empieza todo lo demás, incluida la propia afición a coleccionarlos.
Sellos famosos del mundo
Ninguna de estas está en venta aquí, ni la vas a encontrar en el escaparate de nadie con facilidad: se cuentan porque son las historias que explican la afición.
Primero de su especie
Reino Unido, 1840
El primer sello postal del mundo. Con él empieza todo lo demás, incluida la propia afición a coleccionarlos.
Rareza extrema
Isla Mauricio, 1847
En azul y en rojo-naranja, y extremadamente raros. Un sobre célebre, el llamado Ball cover, alcanzó en subasta unos 8,1 millones de euros: el precio más alto pagado por una pieza filatélica.
Error de impresión
Suecia, 1855
Salió amarillo en lugar del verde que le correspondía. Se conoce un solo ejemplar. Lo rescató de la basura de su abuela un escolar, Georg Wilhelm Baeckman, en 1885, y se vendió por siete coronas en 1886.
Rareza extrema
Guayana Británica, 1856
Adjudicado en Sotheby’s en junio de 2021 por 8,3 millones de dólares.
Error de impresión
Estados Unidos, 1918
El avión del sello aparece boca abajo. Un descuido en la imprenta convirtió una emisión corriente en una de las piezas más buscadas del mundo.
Sobre las cifras. Los importes de subasta cambian con el tiempo y varían según la fuente. Los de esta página están fechados a propósito: son lo que se pagó en aquel momento, no un récord vigente. Si te interesa el dato exacto de una pieza concreta, hay que mirar el resultado de subasta actualizado.
Un sello se imprime por millones. Lo que escasea no es el sello: es la equivocación. Cuando una plancha sale con el color cambiado o con el dibujo invertido, la imprenta suele detectarlo y destruir el pliego, así que los pocos ejemplares que se escapan son, por definición, contados.
De ahí que en filatelia el estado de conservación pese tanto como la rareza. Dos ejemplares de la misma pieza pueden separarse por un múltiplo largo de precio según cómo hayan llegado hasta hoy. Y de ahí también que un catálogo dé una referencia orientativa y no una tasación.
Estas piezas son la puerta de entrada, no el objetivo. Nadie empieza a coleccionar buscando un Treskilling Yellow, igual que nadie aprende a conducir en un coche de carreras. Lo que sí hacen es explicar el oficio: por qué se mira el dentado, por qué importa la filigrana, por qué un ejemplar con charnela no vale lo mismo que uno sin ella.
Y de paso dejan claro que en filatelia lo interesante casi nunca es el precio. Es la historia que hay detrás de un papel de dos centímetros.